Historia

Heredamos una Misión

No podemos entender los inicios del Servicio Jesuita a Refugiados (JRS) sin referirnos al jesuita de origen vasco Pedro Arrupe (1907-1991). Desde su juventud, Arrupe encontró a Dios por medio del contacto directo con la realidad sufriente de hombres y mujeres durante sus estudios de medicina y su trabajo en los suburbios de Madrid. Su vocación se consolidó a partir de un viaje al santuario mariano de Lourdes y, en el año 1927, ingresó en la Compañía de Jesús, en Loyola. En 1935, fue destinado a Japón y en 1942 fue nombrado maestro de novicios en la periferia de Hiroshima y fue testigo de la explosión de la bomba atómica.
En 1965, Pedro Arrupe fue nombrado Prepósito General de la Compañía de Jesús y empezó a liderar a los jesuitas a nivel mundial.

Pedro Arrupe, gracias a su experiencia y contacto con distintas sensibilidades y culturas, fue el hombre que, con una fidelidad creativa hacia la Iglesia, supo proponer caminos audaces. Desde su ser “contemplativo en la acción”, pensé que era necesario que diéramos una respuesta a la problemática de la migración forzada de su tiempo, ya que, a finales de los años setenta, de vietnamitas emprendieran un viaje peligroso peligroso por mar en búsqueda de protección. El 14 de noviembre de 1980, escribió la carta fundacional del Servicio Jesuita a Refugiados.

 

En la carta se encuentran también las primeras directrices de la misión del JRS:

La ayuda que se necesita no es solamente material: lo que especialmente se requiere de la Compañía es un servicio humano, educativo y espiritual, un desafío difícil y complejo

A lo largo de los cuarenta años de nuestra existencia institucional, los cambios a nivel mundial ya nivel de la Compañía de Jesús han sido muchos. En medio de todos ellos, hemos sabido renovar nuestra misión de acompañar, servir y defender a las personas refugiadas, siempre con el apoyo de los Prepósitos Generales de la Compañía de Jesús que sucedieron a Pedro Arrupe: Peter Hans Kolvenbach, Adolfo Nicolás y Arturo Sosa . En la última Congregación General (36) de la Compañía de Jesús, celebrada en Roma en octubre de 2016, reafirmamos nuestro compromiso con las personas migrantes y refugiadas.

Hoy, recibimos la herencia de una Iglesia comprometida con caminos marcados por nuestra espiritualidad cristiana, enriquecida por la espiritualidad ignaciana. Como JRS, lo hacemos mediante el servicio, con amor, justicia y equidad, acompañando a hombres y mujeres en el camino digno de la vida en esta tierra.

El Servicio Jesuita a Refugiados en Ecuador

La problemática del desplazamiento forzado internacional desde Colombia hacia Ecuador llamó la atención del JRS a nivel internacional, por lo que convocó a un encuentro en el año 2000. A partir de ésto,  se realizó un diagnóstico sobre la necesidad de protección internacional a la población colombiana desplazada. El acompañamiento a estos procesos comenzó en Sucumbíos ese mismo año y, poco después, se abrió una oficina en Quito. La delegación del JRS Ecuador se conformó el 11 de noviembre de 2000 y, en 2003, se inscribió en el Registro Oficial No 744.

El JRS Ecuador ha intentado responder una y otra vez a las demandas de un contexto de movilidad humana cambiante. Algunas veces, la realidad en la cual tratamos de cumplir nuestra misión ha sido difícil y desoladora, pero en otras ocasiones, se ha mostrado esperanzadora, cuando las personas a las que servimos logran ser sujetos de su propio destino.